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05/07/2016

Hoy salimos de casa con una misión: recuperar a Luquiñas, nuestra mascota de peluche. Estamos casi seguros de que ayer se nos quedó en alguno de los trenes que cogimos, así que hoy tenemos que encontrarlo.

Aunque la responsabilidad no está reñida con la glotonería y por eso, antes de comenzar la búsqueda, entramos a desayunar en un café que encontramos al lado de casa.

el bolso del fondo está guardando el sitio.JPG

el bolso del fondo, junto al espejo, está guardando el sitio

Y estamos seguros de que vamos a convertirnos en clientes habituales porque ¡sirven bollería! Que la dieta japonesa es muy rica y saludable, sin duda, pero donde se ponga un buen cruasán con chocolate que se quite la sopa de miso. Además el café sólo cuesta 100 yenes (1€ aprox), que es una ganga comparado con los 400 que cobran en algunos locales.

Por cierto, aquí la gente deja el bolso en la mesa para guardar el sitio mientras va a pedir a la barra. ¡Y no se lo lleva nadie!

Después de desayunar nos fuimos a la estación de metro de nuestro barrio y le preguntamos al revisor, un señor grandote (para ser japonés) y con cara muy seria, si habían encontrado una mochila negra. Cuando le contamos que dentro iba el peluche del peque su reacción nos dejó boquiabiertos. Miró a Bruno con cara de auténtica consternación y soltó un sonoro y apenado ¡Ooohhhhh! Sí, exacto, como si fuera un personaje de dibujos animados. La verdad es que es todo un espectáculo verlos gesticular y hacer ruiditos. Aaahhh, ooooohhh.

Como hablaba muy poco inglés nos dijo que mejor preguntásemos en la estación central de Tokio. Y para allá que nos fuimos, al lost&found de Tokio Station , o lo que viene siendo objetos perdidos. Nos atendieron dos amables señores que parecían tener cien años cada uno y que no hablaban ni una palabra de inglés, pero tampoco lo necesitaron porque lo que hicieron fue ponernos en contacto telefónico con un intérprete de español. Y así, pasándonos el teléfono de unos a otros, conseguimos entendernos.

Mientras nos atendían fuimos testigos de cómo un chico recuperaba una Tablet, una señora su cartera y una chica una carpeta llena de papeles. Cada vez estábamos más convencidos de que encontraríamos a Luquiñas.

Tras unos minutos de intriga, por fin nos confirmaron que nuestra mochila está en una estación en las afueras de Tokio. Y si serán amables que, para que no tengamos que ir a buscarla, se ofrecieron a enviárnosla a la estación más próxima a nuestra casa. Claro que hasta mañana no la tendremos disponible, pero aceptamos encantados porque así nos evitamos pasar la mañana dando vueltas en el tren. Además Bruno dijo que no teníamos que preocuparnos por Luquiñas porque en la mochila donde está metido tiene un cuento y piezas de Lego para entretenerse.

Con tan buenas noticias dimos la misión por aplazada y aprovechamos que estábamos en Tokio Station para acercarnos al Palacio Imperial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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