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Desde que decidimos viajar a Japón tuvimos claro p1260677

que queríamos probar la famosa carne de buey de Kobe, supongo que para comprobar si era mejor o peor que la deliciosa ternera gallega.

Un CONSEJO : En Japón es más barato comer que cenar, así que si quieres probar la carne de Kobe sin arruinarte, hazlo a mediodía. Te ahorrarás unos cuantos miles de yenes.

Nosotros fuimos a un restaurante donde la preparaban al estilo Teppanyaki (a la plancha).

El cocinero nos llevó a un pequeño cuarto donde sólo había sitio para seis personas sentadas en torno a una brillante y limpísima plancha de cocina con forma de L. Cuando nos sentamos en nuestros sitios, en aquel cuartito poco iluminado, con el cocinero en medio afilando su cuchillo, nos sentimos como personajes de una peli de Tarantino esperando por el jefe de la yakuza para cerrar un trato.

Como las opciones (para nuestro presupuesto) se limitaban a escoger el peso de nuestros filetes, en seguida nos decidimos. Y entonces comenzó el espectáculo. Porque, como casi todo aquí, elaborar y servir el buey de Kobe parece un auténtico ritual. El cocinero cogió la carne de la nevera y la sacó con cuidado de su envoltorio de papel atado con una cuerdita, la cortó con suavidad, la pesó y nos la presentó en una tabla de madera acompañada de uno de los trofeos del restaurante (que al estar escrito en japonés podría perfectamente ser el de consolación al peor del año). Después preparó en la plancha patata, maíz, cebolla y la carne cortada en pequeños trozos. Y mientras tanto nos iba poniendo en nuestros sitios un cuenco de ensalada, un cuenco de arroz, otro de sopa, la salsa de soja, el wasabi. Como soy un poquito maniática (casi nada, ¿eh?) y tenía mi sitio lleno de cacharritos, decidí mover uno de los cuencos para que me quedara más cómodo. No debí hacerlo. El cocinero me miró con cara de dolorosa decepción y suavemente volvió a colocar todo como él lo había dispuesto. Pedí disculpas (sumimasen) entre reverencias y no me volví a mover hasta que confirmó que estaba todo listo y que podíamos empezar a comer.

Lo cierto es que la carne estaba muy rica y la experiencia vale mucho la pena.

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Sólo un “pero”. Al estar comiendo al lado de la plancha se te engrasa el pelo (si tienes, claro). A mí se me quedó el flequillo pegado a la frente, pero no me importó porque ahora nos vamos a ir a Spa World de Osaka a remojarnos un poco.

 

 

 

 

 

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